Pasadas las nueve de la mañana, Cristina Fernández de Kirchner salió de su departamento en el barrio porteño de Recoleta para declarar ante el juez federal Claudio Bonadio por el “escándalo de los cuadernos”.

La ex mandataria arribó un rato más tarde a Comodoro Py para dar sus explicaciones en torno a la acusación de ser la cabeza de una “asociación ilícita” destinada a recibir dinero en negro por parte de empresarios, todos ellos contratistas de obra pública.

A diferencia de otras oportunidades, la líder de “Unidad Ciudadana” le pidió a los militantes partidarios que no se movilicen a los tribunales.

Ante el magistrado, la ex presidenta presentó un escrito asegurando desconocer el “circuito de coimas”, se negó a responder preguntas, planteó la nulidad de la causa y recusó tanto a Bonadío como a Stornelli.

“Desde el 10 de diciembre de 2015 me armaron seis causas penales y todas ellas fueron radicadas en Comodoro Py. De las seis, cinco fueron iniciadas e impulsadas por Bonadío. ¿Milagro? No. ¿Fórum shopping?”, escribió por redes sociales.

“Algo peor: decisión política del Poder Judicial -en su más alta expresión- en coordinación con el Poder Ejecutivo y los medios hegemónicos, para ungir a Bonadío como brazo de persecución contra mi persona”, prosiguió.

“Se inaugura así una nueva categoría jurídica que excede la del Juez parcial o “no Juez” que enseñaba Baigún: se trata del Juez enemigo, actor principal del . Es la nueva estrategia regional para proscribir dirigentes, movimientos y fuerzas políticas que ampliaron derechos y permitieron salir de la pobreza a millones de personas durante la primera década y media del siglo XXI”, remató Cristina Kirchner.

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