Desde que el #NiUnaMenos ganó las calles en 2015 no hubo marcha atrás. Cada vez más mujeres decidieron alzar la voz para empezar a llamar las cosas por su nombre: ni “crimen pasional”, ni ningún otro eufemismo puede ser utilizado para referirse a los femicidios.

Sin embargo, año a año los crímenes continúan sucediéndose a un ritmo preocupante y las autoridades siguen con las manos cruzadas: en lo que va del 2019 ya mataron a veintitres chicas.

Esta semana la Policía Bonaerense encontró el cuerpo de Gissella Solís Calle en “Camino Negro”: estaba envuelto en sábanas. La odontóloga fue atacada por su pareja luego de una discusión y el femicida se suicidó días después de que se inicio la búsqueda.

También se conoció la muerte de Valeria Coppa, una mujer que andaba en bicicleta en los alrededores de la Catedral de Bariloche cuando su ex pareja le disparó.

En las últimas horas murió Juana Carolina Brítez Rojas luego de doce días de agonía: su marido la atacó, se prendió fuego a lo “bonzo” y falleció poco después.

Agustina Imvinkelried, Celeste Castillo, Joselin Mamani, Gisel Romina Varela, Carla Soggiu, Liliana Ramona Olguín y Daiana Moyano son otros nombres que resonaron en los medios durante enero y que nos llevan a preguntar una y otra vez: ¿hasta cuándo seguirá pasando todo esto?

Vale la pena recordar que durante el 2018 se produjeron en Argentina un total de 259 femicidios, de los cuales 229 fueron mujeres, 26 femicidios vinculados y 4 travesticidios: esto quiere decir que se produjo un femicidio cada 34 horas.

EL 21% HABÍA DENUNCIADO PREVIAMENTE A QUIEN TERMINÓ ASESINÁNDOLA.

EL 13% TENÍA DICTADA ALGUNA MEDIDA JUDICIAL DE PROTECCIÓN, YA SEA DE RESTRICCIÓN DE ACERCAMIENTO Y/O BOTÓN DE PÁNICO.

EL 42% DE LAS MUJERES CONVIVÍA CON SU ASESINO.

EL 62% DE LOS HECHOS SE PRODUJERON EN LA VIVIENDA DE LA VÍCTIMA.

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