Pese a los millonarios subsidios que recibió durante el kirchnerismo y el festival de suba de tarifas durante el año y medio de macrismo, la distribuidora está lejos de cumplir con los estándares mínimos de calidad.

Los vecinos de Almirante Brown padecieron en estos últimos días un corte de luz que duró 96 horas sin ninguna respuesta satisfactoria por parte de Edesur: la municipalidad decidió, incluso, iniciarle una demanda judicial a la empresa.

Por cuestiones del azar, parte de Parque de los Patricios y Pompeya, al sur de la Ciudad de Buenos Aires, se vieron afectados por los mismos inconvenientes: a algunos vecinos el corte del suministro les duró 10 horas y a otros hasta 72 horas: las respuestas fueron siempre deficientes.

Tanto los que se desempeñan en sus “call center” como las cuadrillas que trabajan en la calle son escaparate de la compañía para absorber los reclamos y las críticas.

En el primer caso, funcionarios con cierto nivel de responsabilidad se “refugian” detrás de los empleados que, con un “speech” armado y controlado con el monitoreo de las conversaciones, deben lidiar con los descontentos.

Los casos no son tratados con celeridad ni siquiera si se trata de ancianos, electrodependientes o de personas que sufren algún otro tipo de problema de salud grave. La respuesta siempre es la misma: “ingresan” un reclamo adicional y aducen “falta de información” respecto a cuando se realizará la visita de los equipos de trabajo.

Por el otro, los técnicos – en muchos casos tercerizados – enfrentan la ira y los cuestionamientos de los vecinos al llegar al lugar del inconveniente.

Off the record, los mismos trabajadores reconocen las malas condiciones de trabajo: repuestos viejos o usados que se van rotando de lugar en lugar hasta que se termina con su vida útil, empleados pertenecientes a empresas tercerizadas que en algunos casos no saben operar correctamente y que se van sin informar las fallas, mapas de cableados desactualizados y desconexión entre el seguimiento de las cuadrillas y la información que se le brinda a los clientes pintan los contornos de un panorama negro.

Lo preocupante es que esto es “vox populi”. Los reiterados cortes de luz, las peligrosas fallas en el servicio eléctrico y la extensa demora en atender los reclamos de usuarios encabezan la lista de reclamos que pesa sobre la compañía. Y el Estado, que debería ser su principal controlador, lejos de ejercer su función simplemente se limita a mirar para otro lado. La desidia de ambas partes termino siempre dejando a los damnificados en el desamparo absoluto.

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