El “Huracán Florence” sigue haciendo estragos en los Estados Unidos: el fenómeno, devenido en tormenta pero cuyos efectos todavía se sienten en el desborde de ríos, lagos y tornados, ya se cobró la vida de 32 personas.

La situación es grave especialmente en Carolina del Norte: allí toco tierra a fines de la semana pasada. Sin embargo, Carolina del Sur y Virginia también están sufriendo sus consecuencias.

El gobernador del estado más afectado, Roy Cooper, aseguró: “Inundaciones y tornados catastróficos todavía están causando estragos en varios lugares. Tengan cuidado. Para muchas zonas el peligro real persiste y es inmediato“.

Como suele suceder en estos casos, la peor parte se la llevaron los residentes más vulnerables: miles de personas sin hogar, pobres y trabajadores rurales, muchos de ellos sin documentos, sintieron todavía más la fuerza destructura del huracán.

Según advirtieron miembros de los servicios sociales a la prensa, muchos de ellos incluso no sabían que se avecinaba semejante tormenta: las advertencias de las autoridades en español fueron muy pocas y son varios los que ni siquiera dominan el inglés. Para colmo, aquellos que no tenían los papeles en regla temían ir a los refugios por miedo a que los deporten. Un combo más que peligroso.

Las autoridades también están especialmente preocupadas por la posibilidad de que varios vertederos de desechos tóxicos hayan tocado su límite y, arrastrado por las inundaciones, terminen contaminando los distintos cursos de agua.

La Agencia de Protección Ambiental confirmó que, en cuanto las condiciones lo permitan, enviarán equipos de emergencia para inspeccionar “más de 70 lugares potencialmente tóxicos”.

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