Iba a ser la Copa Libertadores más “peleada” y “disputada” de la historia por la calidad de los equipos que la jugaban. Sin embargo, esta edición será recordada como la más bochornosa.

Después de fallar a conveniencia en los casos de jugadores mal incluidos, de suspender ciertos estadios y hacer la vista gorda con otros, finalmente las autoridades de la entidad sudamericana lograron tener la final que buscaban.

Pero todo empeoró cuando menos lo pensaban. Por las agresiones sufridas por el plantel de Boca en el “Monumental”, la CONMEBOL aplazó tres veces el horario del partido y, en conjunto con la FIFA, intimó a los jugadores “xeneizes” y “millonarios” para que salgan a la cancha, aún cuando ninguno quería hacerlo.

Los enfrentamientos en los alrededores del estadio hicieron que, varias horas después del supuesto inicio, se postergara el encuentro para el domingo.

Uno de los equipos no quiere jugar, y el otro tampoco querría ganar en estas condiciones. Se llegó a acuerdo, hubo un pacto de caballeros de ambos clubes. El partido se pasa para mañana a las 17“, señaló Alejandro Domínguez, presidente de la entidad sudamericana.

Por supuesto, faltaba un capítulo más para agregarle algo más de bochorno: el domingo, cuando la gente de River empezaba a entrar nuevamente al estadio para ver la “superfinal”, la CONMEBOL comunicó que tampoco se iba a jugar.

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