La inflación galopante, la caída del salario real, la recesión económica y la devaluación del peso son un combo letal para el bolsillo y las condiciones de vida de la población.

Entre los cientos de indicadores que pueden utilizarse para medir la crisis, uno de los más llamativos -y descriptivos- es el del consumo de carne: según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), el consumo fue de 49,6 kilos per cápita, registrando una caída interanual del 13,5% y transformándose en el más bajo de los últimos 50 años. 

En diálogo con la prensa, Alberto Williams, vicepresidente de la Asociación de Propietarios de Carnicerías de la Capital Federal, reconoció: “Pasé muchas crisis pero ninguna como esta, en que la gente no tiene poder adquisitivo”.

“Estoy muy preocupado. Si sigue este sistema con esta inflación, vemos muy difícil una recuperación de las ventas. En estos últimos meses, desde diciembre hasta ahora, no se han recuperado las ventas. Al contrario, cada vez merma más el consumo porque la gente puede comprar menos”, explicó.

Y remató: “No es que la gente no quiere comprar sino que no tiene poder adquisitivo. Compran los cortes mínimos e indispensables o los más baratos, lo que más rinde: carne picada y milanesa“.

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