En el tercer fallo consecutivo de un jurado californiano en contra de Monsanto, los magistrados la encontraron culpable de causarle cáncer a una pareja a través del uso del herbicida “Roundup”con base de glifosato: deberán pagarle más de 2.000 millones de dólares. La noticia repercutió con fuerza en el país.

Argentina es el mayor consumidor mundial de glifosato per cápita. ¿Seguiremos desde la clase política y los medios mirando para otro lado como si nada pasara? Mientras mi proyecto de ley para alejar las fumigaciones de escuelas y pueblos sigue cajoneado”, escribió el senador “Pino” Solanas en las redes sociales.

El abogado ambientalista Enrique Viale también reaccionó: “¿Cuánto dinero debería pagar Monsanto de indemnización a la República Argentina por el cancerígeno glifosato? Hay glifosato en la comida, en los ríos, en la lluvia, en algodones, hasta en las toallitas femeninas… tenemos glifosato en nuestros cuerpos“.

Son varios los especialistas y científicos que advierten desde hace tiempo en torno a los peligros para la salud del uso de agrotóxicos, la base del boom agroindustrial y de la sojización en la Argentina.

Pese a ello, los distintos gobiernos y funcionarios de todos los signos políticos tiran sistemáticamente la pelota afuera de la cancha: nadie se anima ir en contra de la gallina de los huevos de oro, aunque esté en juego la vida de cientos de miles de personas.

En marzo de 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó tras un año de investigaciones que el glifosato puede provocar cáncer en humanos:  “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)”, advirtieron. El herbicida, además, “causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas”. Según los científicos, cinco pesticidas químicos usados como insecticidas y herbicidas – glifosato, malation, diazinon, paration, y el tetrachlorvinphos – resultaron ser cancerígenos.

Andrés Carrasco, médico argentino especializado en biología molecular y en biología del desarrollo que murió el 10 de mayo del 2014, pasó los últimos años de su vida luchando contra el gobierno, el establishment científico y las corporaciones tras haber confirmado los efectos devastadores del glifosato.

“La gente sufre y los científicos se vuelven empresarios o socios de multinacionales. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria”, señaló en varias entrevistas.

Hasta ahora, su reclamo no ha sido escuchado por la plana política pero distintos pueblos y comunidades de todo el país han empezado a organizarse para tratar de frenar -a través de ordenanzas y denuncias- el avance sobre la salud y la naturaleza:

✊🏻 ¡BASTA DE ENVENENARNOS!

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