Cada vez que hay elecciones generales, la clase política recurre a las mismas argucias y triquiñuelas: debido al trabajo provincial que debe llevar adelante cada legislador, sumado al desgaste de intentar pasar una nueva ley, deciden dejar al Congreso de la Nación virtualmente paralizado.

El 2019 viene siendo un caso testigo de estas prácticas y, al mismo tiempo, un año perdido: como la mayoría de las provincias desdoblaron sus comicios y el gobierno de Mauricio Macri no quiere dañar su frágil imagen, tanto la Cámara de Diputados como la Cámara de Senadores fueron “clausuradas”.

Según un relevamiento del Directorio Legislativo, entre marzo y junio sólo se votaron nueve leyes, impulsadas en partes iguales por el oficialismo, la oposición y el Poder Ejecutivo.

Este fue el año en el que menos leyes se sancionaron en el primer semestre, muy lejos de las 33 del 2015, las 27 del 2017, las 26 del 2013, las 21 del 2016, las 19 del 2012, las 18 del 2018 y hasta de las 14 del 2014.

🗳 ¿No deben trabajar igual los políticos en año electoral?

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