El conflicto iraní está lejos de reducirse al plano exterior y a los cruces con los Estados Unidos: si el 2019 fue un año marcado por las protestas contra el gobierno del ayatollah Alí Khamenei, el 2020 parece profundizar el rumbo.

Este último domingo, policías antimotines, efectivos de la Guardia Revolucionaria de Irán y agentes de civil reprimieron con dureza las movilizaciones contra las autoridades en Teherán: las fuerzas de seguridad cargaron contra manifestantes en la Plaza de Vali-e Asr, en la Universidad de Teherán y otros lugares emblemáticos de la capital.

En medio de una censura importante en la televisión estatal y con problemas para postear la información ante el bloqueo de internet, los escasos reportes de las redes sociales informaron que se dispararon gases lacrimógenos y balas de goma contra las concentraciones de gente. Algunos, incluso, reportan heridos por armas de fuego.

La negación y ocultar la verdad en los últimos tres días agravaron mucho el sufrimiento y el dolor de las familias y el mío”, aseveró Zahra Razeghi, residente local, a medios internacionales, en referencia a las víctimas del avión civil ucraniano derribado por un misil la última semana.

Las protestas, que se iniciaron en forma de vigilia, se esparcen por todo el país, continúan este lunes y son encabezadas fundamentalmente por estudiantes universitarios apuntan directamente contra los responsables de la masacre.

Kaveh Nematipour, exiliado iraní, también hizo hincapié en el asunto en diálogo con “El País”: “Mantener en secreto el derribo del avión fue un acto estúpido“.

La gente que iba en ese vuelo representaba el sueño iraní; eran brillantes investigadores, académicos, gente de nuevas tecnologías, que habían estudiado en las mejores universidades de Irán y luego habían emigrado a Canadá”, remató.

✈️ De las 176 personas que viajaban en el avión, 78 eran iraníes, 27 canadienses, 11 ucranianos, 10 suecos, 7 afganos, 4 británicos y 3 alemanes

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