Grupos de intelectuales y pensadores argentinos y de otros países del mundo continúan alzando la voz contra los despidos y del desguace de la Biblioteca Nacional.

Biblioteca Nacional

Ricardo Piglia, Horacio González, Beatriz Sarlo, Maristella Svampa, Noé Jitrik,  Eduardo Grüner, Atilio Borón, Marcelo Cohen, Luis Chitarroni, Toni Negri, John M. Coetzee y Samantha Schnee – entre cientos de artistas, escritores y pensadores nacionales e internacionales – vienen denunciando la situación que atraviesa la emblemática biblioteca.

“En el personal de la Biblioteca Nacional se conjugan habilidades, conocimientos, experiencia y potenciales creativos que no se hallan distribuidos en base a coordenadas de antigüedad en el ingreso o nivel escalafonario, sino que obedecen a los servicios que presta la institución. Desvincular trabajadores a partir de esquemas y cantidades preconcebidas implica una pérdida y un retroceso, que privaría a la Biblioteca de aquellas capacidades. La noción de ‘exceso de personal’ no puede ser formulada al margen de las funciones efectivamente desarrolladas por una organización”, apuntaron a través de una solicitada.

A fines de marzo, de los 1000 trabajadores de planta permanente, el gobierno decidió dejar en la calle – y sin dar ningún tipo de explicación – a aproximadamente 249 empleados. En medio de las cesantías y los problemas, el escritor Alberto Manguel, quien fue elegido por las autoridades como el nuevo director de la Biblioteca Nacional, comunicó que recién asumirá en julio debido a compromisos personales en los Estados Unidos.

En una carta titulada “Biblioteca, libertad y tragedia”, Horacio González, sociólogo y ex director de la Biblioteca Nacional, afirmó: “La reducción de las bibliotecas y los bibliotecarios a oficinistas de escribanías de documentación será el resultado de todo este desquicio que trae el mesianismo neoliberal”.

Samantha Schnee, una renombrada traductora que forma parte de la Comunidad Internacional de Escritores, aseguró en torno al tema: “Jorge Luis Borges una vez dijo: ‘Siempre imaginé que el paraíso sería alguna especie de biblioteca’. Es sumamente alarmante e inquietante que muchos de los custodios del pensamiento en la Biblioteca Nacional argentina hayan sido despedidos. Las autoridades deben reconsiderar su decisión”.

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