El último fin de semana la protesta de los “chalecos amarillos” se desinfló: las manifestaciones perdieron masividad, el ataque terrorista de Estrasburgo conspiró para desmovilizar a amplias franjas de la población y las detenciones sumadas a las concesiones del gobierno de Emmanuel Macron hicieron lo suyo.

Más allá de esto, la chispa está encendida y sólo los futurólogos pueden saber si se trata de un reflujo o de una simple pausa de las protestas que conmocionan a Francia desde hace semanas.

El dolor de cabeza para las autoridades locales, sin embargo, viene ahora por otro lado: el enojo de los “chalecos azules”. La policía francesa, que venía alertando sobre la “fatiga” y la “frustración” que atravesaban las fuerzas en los últimos años, agotó su cuota de paciencia al conocer la reducción de fondos prevista en el próximo presupuesto: este miércoles lanzaron una serie de protestas bajo el rótulo de “día negro”.

El sindicato policial llamó a que durante todo el día los oficiales trabajen a reglamento y se mantengan en huelga dentro de las comisarías. Este es, según circula en Facebook y Twitter, su “Acto I”, en alusión al modo de denominar a sus movilizaciones los “chalecos amarillos”.

Algunos efectivos se quejan incluso, de que se les deben 275 millones de euros por horas extraordinarias nunca pagadas y de que sus equipos no son los adecuados.

Ante este panorama, el gobierno decidió pagar por única vez un bonus de 300 euros a todos los que participaron en los operativos de seguridad en las recientes protestas. ¿Alcanzará para calmar el descontento?

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