En las últimas semanas, la justicia hondureña condenó por el asesinato de la ambientalista a Mariano Díaz Chávez, Henry Javier Hernández; Edilson Duarte Meza, Oscar Aroldo Torres, Elvin Rápalo, Sergio Ramón Rodríguez y Douglas Geovanny Bustillo.

Estos últimos dos son la piedra angular de la cuestión: trabajaban para la compañía Desarrollo Energéticos Sociedad Anónima (DESA) que quería construir la represa “Agua Zarca”, a la cual Berta Cáceres y las comunidades locales se oponían. En julio de este año, tanto el Banco Holandés de Desarrollo (FMO) y el Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial (FINNFUND) retiraron su apoyo al proyecto.

Los magistrados que dictaron sentencia en la corte de Tegucigalpa encontraron pruebas suficientes para encontrar al supervisor del área de “comunidades y medioambiente” y al jefe de seguridad como responsables del crimen.

Sin embargo, la familia de la activista no quedó del todo conforme: según ellos, los jueces establecieron “un techo” en las condenas para “evitar juzgar” a los autores intelectuales del asesinato, de más alto rango.

En esta línea, subrayaron que uno de los testigos clave no fue “invitado” a testificar: le negaron su testimonio pese a que él mismo se ofreció a “identificar a los culpables”. Tampoco le permitieron a los abogados participar totalmente de la investigación y acceder a la evidencia.

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