La crisis económica, social y humanitaria que atraviesa Venezuela parece haber llegado a otro momento crítico: una serie de países, con Estados Unidos y el “Grupo de Lima” a la cabeza, reconocieron unilateralmente a Juan Guaidó como presidente interino.

Tan sólo Uruguay y México pidieron por “una solución democrática y pacífica”, mientras que Bolivia, Turquía, China y Rusia mostraron su abierto apoyo al actual gobierno.

Nicolás Maduro, que asumió su nuevo mandato hace algunos días atrás, acusó un “golpe de estado”, llamó a resistir en las calles junto a los militares que aún le son fieles y rompió relaciones diplomáticas con el gobierno de Donald Trump.

Con este nuevo movimiento de piezas de la oposición y el oficialismo en alerta, las fuerzas de seguridad salieron a dispersar a quienes protestaban en los distintos barrios de Caracas y las principales ciudades del país con el uso de gases lacrimógenos, balas y perdigones: ya murieron 16 personas.

¿Pero cómo entender la situación política venezolana sin caer en facilismos y extremos irreconciliables? El periodista Martín Schapiro delineó con claridad el delicado escenario en redes sociales:

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La Asamblea Nacional de Venezuela tiene legitimidad democrática. La oposición se impuso con claridad en diciembre de 2015. Por un sistema de representación diseñado para apagar voces minoritarias, había alcanzado la mayoría de dos tercios para reformas constitucionales. El Tribunal Constitucional, un apéndice del ejecutivo chavista, cuestionó la elección de tres diputados opositores, privando a la oposición de su mayoría calificada en la Asamblea y dejándola impotente.

2

La Asamblea incumplió el mandato judicial y juramentó a los legisladores. La Asamblea Nacional fue declarada en desacato y paralizada en sus funciones efectivas. Le siguieron las manifestaciones y el caos de 2016, donde el gobierno reprimió salvajemente, pero hubo gravísimos episodios de violencia opositora, con personas quemadas vivas por chavistas.

3

En ese marco de crisis, Maduro convocó una Asamblea Constituyente, absolutamente por fuera de los procedimientos constitucionales. Sencillamente la declaró “originaria” y llamó a elecciones. Las elecciones para la Asamblea fueron celebradas sin participación opositora. Maduro celebró una participación cercana al 40%, según los números oficiales, fuertemente cuestionados.

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Hasta aquí, lo evidente. La legitimidad democrática opositora, y la ilegitimidad de la solución que encontró el ejecutivo. Sin embargo, desde entonces, en Venezuela también pasaron cosas.

Hubo elección de gobernadores, con participación opositora. Se impuso el chavismo con claridad. En Lara, Henri Falcón perdió el gobierno del Estado, y también el candidato de Capriles fue derrotado con claridad. Envalentonado por aquellos resultados, Maduro convocó a una elección presidencial anticipada, ordenada por la Asamblea Constituyente, en la que participó una fracción de la oposición. El propio Falcón y un candidato evangélico. Aún ante un contexto de extrema adversidad, el chavismo se mantuvo en todo momento alrededor de los seis millones de votos.

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¿Significa esto que el gobierno es democrático? No. Hay presos políticos, opositores inhabilitados, y siempre que el gobierno se vio en peligro (Asamblea Nacional, referendo revocatorio) maniobró desde el Poder Judicial para evitar que los opositores intervengan institucionalmente.

Pero no reconocer hoy al chavismo como una fuerza democrática no puede implicar desconocer que sigue siendo una fuerza representativa para una gran porción de la sociedad venezolana.

Pase lo que pase, Maduro es el problema “fácil”. Venezuela vive una crisis económica, social y humanitaria, producto no del carácter dictatorial sino de la pésima gestión del gobierno, y tiene una sociedad enormemente dividida. Millones de venezolanos dependen del Estado para poder comer. Un enfrentamiento civil armado podría traer una crisis de dimensiones no vistas en la región. Y el sector dominante de las Fuerzas Armadas sigue respondiendo al chavismo.

Con el hambre de millones de venezolanos a cuestas, la interferencia de distintas potencias globales en el conflicto y una guerra civil que parece estar acelerándose: ¿tendrá una salida rápida y pacífica Venezuela?

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